“Nachita”

Érase una vez una niña fantasiosa y pizpireta que siempre que podía jugaba a ser cantante… Cada dos por tres salía al balcón y a la escalera de su casa y llevada por el arrebatador entusiasmo de su heredado sueño convocaba cual diva a los niños del vecindario al grito de: … “¡la función va a empezar!”.

Éste, lejos de ser un hecho aislado, se daba cada vez con mas asiduidad y por supuesto a su antojo en cuanto a días, horarios, etc., lo que evidentemente levantaba cierta crispación entre su sufrido público que contínuamente se quejaba de tantas y cada vez más seguidas representaciones…

Además, ¡qué cozoña!, siempre con la misma artista copando el protagonismo de aquel improvisado teatro montado en la habitación compartida con la hermana pequeña, víctima también de sus repetidas actuaciones.

En menos que canta un gallo, que este refrán viene aquí más que al pelo a la voz, colgaba las sábanas de matrimonio de sus padres -ya que las suyas no eran lo suficientemente grandes para cubrir el pedazo de escenario que necesitaba-, estratégicamente suspendidas para que la conjunción de ambas dejara justo en el centro una abertura desde la que sorprender con su pavoneante salida que, aunque cambiaba de atrezzo, mantenía siempre la constante de un micro de confección casera con una barra de desodorante a la que le había pegado una pelotita de ping pong y pintado luego todo ello con esmaltes de uñas que, en su día y entre muchas otras pinturas y objetos echó en falta su madre: zapatos de tacón de aguja, collares, pañuelos, perfumes y cómo no, los claveles de la terraza para los tocados de aquella melena rubia…

Todo cuanto hiciera falta para materializar en lo posible aquel eterno sueño.

Pero los obedientes y sufridos espectadores se iban quemando poco a poco de tanto subir los peldaños de aquel “teatro”, comentándose los unos a los otros, … “Pero otra vez!…  Ayer actuó tres veces y hoy ya va por la cuarta… ¿por qué no podemos actuar también nosotros?… ¿Porque ella diga que no cantamos bien?… Yo para eso prefiero quedarme jugando al fútbol… ¡Ya! y yo a los cromos pero, si no subimos luego no nos hace la caligrafía y nos suspenden”…

(Pero el bosque sería muy triste si solo cantasen los pájaros que mejor lo hacen ¿no?)

“¡Aplausos, aplausos, cuando una artista termina, su público le aplaude entusiastamente!…

¡Ya estamos cansados!… ¿Por qué no te vas de gira?… (Hummmm, ¡esto no es tan malo como parece!).

Pero Nachita, “Nachita de Españita”, soy yo, TU PRESENTE. Eso no era “el gusanillo”, eso era el gusano marino de Ciudad Real…

Qué descubrimiento tan necesario fué el verbo COMPARTIR… inquieta e intensa niña.

Recuerdos para toda la vida…
628″>biaxsig roxithromycinEso no era “el gusanillo”, eso era el gusano marino de Ciudad Real… Menos mal que ahí empezaste a descubrir el verbo COMPARTIR, inquieta e intensa niña!… Recuerdos para toda la vida!…

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